EVANGELIO DEL DÍA DOMINGO 2 DE SEPTIEMBRE DEL 2018

Marco 7, 1-8.14-15.21-23: “En aquel tiempo, Los fariseos se juntaron en torno a Jesús, y con ellos había algunos maestros de la Ley llegados de Jerusalén. Esta gente se fijó en que algunos de los discípulos de Jesús tomaban su comida con manos impuras, es decir, sin habérselas lavado antes. Porque los fariseos, al igual que el resto de los judíos, están aferrados a la tradición de sus mayores, y no comen nunca sin haberse lavado cuidadosamente las manos. Tampoco comen nada al volver del mercado sin antes cumplir con estas purificaciones. Y son muchas las tradiciones que deben observar, como la purificación de vasos, jarras y bandejas. Por eso los fariseos y maestros de la Ley le preguntaron: « ¿Por qué tus discípulos no respetan la tradición de los ancianos, sino que comen con manos impuras?» Jesús les contestó: « ¡Qué bien salvan ustedes las apariencias! Con justa razón profetizó de ustedes Isaías cuando escribía: Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. El culto que me rinden de nada sirve; las doctrinas que enseñan no son más que mandatos de hombres. Ustedes descuidan el mandamiento de Dios por aferrarse a tradiciones de hombres.» Jesús volvió a llamar a la gente y empezó a decirles: «Escúchenme todos y traten de entender. Ninguna cosa que de fuera entra en la persona puede hacerla impura; lo que hace impura a una persona es lo que sale de ella. Los pensamientos malos salen de dentro, del corazón: de ahí proceden la inmoralidad sexual, robos, asesinatos, infidelidad matrimonial, codicia, maldad, vida viciosa, envidia, injuria, orgullo y falta de sentido moral. Todas estas maldades salen de dentro y hacen impura a la persona.»
Reflexión: Por el Servicio de Animación Bíblica de la Diócesis de Ciudad Guayana. Responsable: Luis Perdomo.
El santoral del día nos presenta entre otros santos la fiesta en honor al, Beato Bartolomé Gutiérrez. Nació en México en 1580 y murió quemado en Omura, Japón, en 1632. Ingresó a la Orden agustina. Con Fray Pedro Solís, viajó en 1605 a Manila y misionó en Japón entre 1618 y 1620. Escribió una narración sobre los mártires de Japón en 1622. Aunque fue expulsado, regresó a Japón en 1628, hasta que el rey Takanaga mandó apresarlo y quemarlo el 30 de septiembre de 1632 junto con otros misioneros. Fue beatificado por el Papa Pío IX el 22 de mayo de 1867.
Y la liturgia diaria nos presenta el Evangelio Según San Marcos capítulo 7, versos del 1 al 23, en el que se relata el problema planteado por los fariseos y los escribas, en torno a las normas de higiene ritual que no son observadas por quienes siguen a JESÚS. El Maestro da respuesta a esta inquietud acudiendo a la interpretación profética del Antiguo Testamento y en contra de la interpretación tradicional que no ayuda a crecer a la gente, sobremanera los pobres, porque estaban limitados para poder cumplir con los estrictos y extraños requisitos de las normas rituales. La enseñanza de JESÚS, muestra como los profetas orientan la correcta interpretación de la Ley, poniendo siempre énfasis en la sinceridad de la intención.
Es verdad que el Antiguo Testamento enseña los conceptos de «puro e impuro», pero todo eso se escribió a lo largo de siglos, y no todo lo que dice cada libro vale para todos los siglos. Como dirá Pablo en su epístola a los Gálatas (Gál 4,1-7), el pueblo de Dios pasó por una etapa de niñez en que hubo que darle reglas precisas para formarlo; pero «cuando llegó la plenitud de los tiempos», cuando el pueblo de Dios se hizo adulto, esas reglas perdieron su razón de ser.
Jesús quita a estos ritos su carácter sagrado; nada de lo que Dios ha creado es impuro; Dios no se ofende porque hayamos tocado a un enfermo, un cadáver o alguna cosa manchada con sangre. No le molesta que comamos esto o aquello. El pecado es siempre algo que ha salido del corazón, y no algo que hicimos sin querer.
Ningún grupo, ni siquiera la Iglesia, puede mantenerse si no tiene sus tradiciones y costumbres. Pero esas tradiciones, por buenas que sean, son cosas de hombres y han de ser cambiadas con el tiempo, como por ejemplo, la manera de celebrar la misa, las fiestas, novenas y otras cosas por el estilo. Por otra parte, hay algo esencial que nunca cambia: la Enseñanza de Dios. ¿Dónde la encontramos? En la Biblia. Y hay una manera de comprender a Jesús, y es a través del testimonio de los Apóstoles, que al fundar las primera comunidades las impregnaron del Espíritu de JESÚS,: es lo que llamamos la Tradición de los Apóstoles, y la Iglesia, fundada por los Apóstoles, guarda esta Tradición, o sea, este espíritu propio de ellos. No confundamos, pues, las tradiciones de los católicos y la Tradición de la Iglesia. Lo malo es que, muchas veces, no hacemos ningún esfuerzo para entrar en el espíritu de la Iglesia y nos aferramos ciegamente a tradiciones anticuadas o malas.
¿Por qué ahora tantos cristianos se escandalizan cuando la Iglesia se libera de los ritos anticuados? ¿Por qué les viene tanto odio contra los sacerdotes y los cristianos que dejan de lado ciertos moldes inútiles? Jesús nos indica el motivo: se aferran a sus ritos porque son incapaces de creer. Su religión exterior es una sustitución de la fe auténtica que no tienen. Se aferran a sus ideas, a sus posiciones tradicionales en lo político y lo cultural porque es lo único que tienen y, si lo perdieran, incluso Dios no sería nada para ellos.
Señor JESÚS, a veces podemos pervertir las cosas con nuestras tradiciones humanas a ras de tierra, danos la clarividencia necesaria para no separarnos nunca de Tu voluntad, y entender que lo importante no es la exterioridad sino la disposición interior, no es los labios, sino el corazón. Amen.


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