EVANGELIO DEL DÍA JUEVES 11 DE ENERO DEL 2018

 

Marcos 1, 40-45: “En aquel tiempo se le acercó a Jesús un leproso, que se arrodilló ante Él y le suplicó: «Si tú quieres, puedes limpiarme.» Sintiendo compasión, Jesús extendió la mano y lo tocó diciendo: «Quiero, queda limpio.»  Al instante se le quitó la lepra y quedó sano. Entonces Jesús lo despidió, pero le ordenó enérgicamente: «No cuentes esto a nadie, pero vete y preséntate al sacerdote y haz por tu purificación la ofrenda que ordena la Ley de Moisés, pues tú tienes que hacer tu declaración.» Pero el hombre, en cuanto se fue, empezó a hablar y a divulgar lo ocurrido, de tal manera que Jesús ya no podía entrar públicamente en el pueblo; tenía que andar por las afueras, en lugares solitarios. Pero la gente venía a él de todas partes”.

Reflexión: Por el Servicio de Animación Bíblica de la Diócesis de Ciudad Guayana. Responsable: Luis Perdomo.

El santoral del día nos presenta entre otros santos la fiesta en honor a San Teodosio. Nació en Turquía en el año 423, y desde pequeño, por inculcación paterna, leía con mucho fervor las Sagradas Escrituras. Siguiendo el ejemplo de Abraham, el santo decidió dejar sus riquezas y su familia, para peregrinar a Jerusalén, Belén y Nazaret, y luego convertirse en religioso. San Teodosio enfermó penosamente, y falleció a los 105 años en el año 529.

Y la liturgia del día nos presenta el Evangelio de Jesucristo, según San Marcos capítulo 1, versos del 40 al 45, en el que se relata la sanación de un leproso. Acontecimiento en el que el autor destaca el lado profundamente humano, de Jesús, ya que se “conmueve hasta las entrañas. Jesús como buen Maestro, comprende el significado de la proximidad de un leproso y asume el riesgo de entrar en contacto con él, porque quiere que esa persona encuentre su lugar en la compleja y excluyente sociedad de su época, pero al mismo tiempo busca la mayor discreción en ese gesto que trasgrede las leyes civiles y religiosas de su pueblo.

Pero la alegría de este hombre sanado y salvado, desborda toda previsión y no solamente es que no se mantiene quieto, sino que quiere que todo el mundo se entere, por lo que a partir de allí Jesús debe permanecer en las periferias el resto de la jornada misionera. Los sentimientos de una y otra parte afloran en este texto, que sin lugar a dudas, al momento de su lectura nos confronta profundamente, ya que podemos percibir de primera mano, como el anuncio del Evangelio se vive en medio de intensas y sobrecogedoras emociones.

Dios se acerca a la humanidad en los gestos sanadores de Jesús y los beneficiarios de su acción no tienen miramientos a la hora de pregonar su bondad. Como creyentes podemos dar testimonio de todas las bendiciones que recibimos a diarios, a pesar de que muchas de ellas las logramos comprender a posteriori. Porque sin lugar a dudas que Dios no tienen paragón con su generosidad hacia nosotros. Y es su generosidad hacia la humanidad, la que nos debe motivar para no cerrar nuestras voces frente a una sociedad, que ante una profunda crisis como la que vivimos, se ha vuelto más indiferente, y frente a un gobierno al que la situación lo ha desbordado y solo responde con más exclusión y con más represión.

Danos Señor Tu Compasión y Tu Bondad, para denunciar y extirpar las lepras de la exclusión, de la represión, del hambre y del paludismo que hoy diezma a nuestra sociedad. Sananos y libéranos Señor, de estos males congénitos, para poder disfrutar con justicia las maravillas de Tu Creación. Amen.


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