EVANGELIO DEL DÍA JUEVES 15 DE FEBRERO DEL 2018

 

Lucas 9, 22-25 “En aquel tiempo, Jesús añadió: «El Hijo del Hombre tiene que sufrir mucho y ser rechazado por las autoridades judías, por los jefes de los sacerdotes y por los maestros de la Ley. Lo condenarán a muerte, pero tres días después resucitará.» También Jesús decía a toda la gente: «Si alguno quiere seguirme, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz de cada día y que me siga. Les digo: el que quiera salvarse a sí mismo se perderá, y el que pierda su vida por causa mía, se salvará. ¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo entero si se pierde o se disminuye a sí mismo?”.

Reflexión: Por el Servicio de Animación Bíblica de la Diócesis de Ciudad Guayana. Responsable: Luis Perdomo.

El santoral del día nos presenta entre otros santos la fiesta en honor a los Santos Faustino y Jovita que eran hermanos, habían nacido en Brescia. Allí según la tradición, ambos santos predicaron valientemente el cristianismo. Su celo excitó la furia de los paganos. Los mártires fueron torturados y enviados a Milán, Roma, y Nápoles, de donde, bautizaron a 191.128 personas. En vista que ni las torturas ni las amenazas consiguieron doblegar su constancia, el emperador Adriano, que se hallaba de paso en Brescia, ordenó que fueran decapitados

Y la liturgia del día nos presenta el Evangelio de Jesucristo, según San Lucas capítulo 9, versos del 22 al 25, en el que se relata el anuncio de su pasión y muerte que JESÚS hace a sus discípulos y la necesidad de asumir los riesgos de un compromiso de vida a la medida de su predicación y a las exigencias de instaurar el Reino de Dios en la tierra.

En este período de cuaresma la liturgia suele alternar la confrontación de las liturgias diarias a los tres Evangelios Sinópticos, por eso hoy nos presenta al Evangelio según San Lucas, con el tema del seguimiento de un modo emotivo y personalizado. El Maestro no esconde las dificultades inherentes al recorrido, pero se pone a Él mismo como ejemplo, afrontado de primero el rechazo, el sufrimiento, y la persecución. Esta vez los discípulos no reaccionan, parece que aceptan resignados o confundidos por discurso que no esperaban escuchar.

JESÚS insiste sobre la orientación general de nuestra vida. El está muy lejos de los que solamente se preocupan por evitar los «pecados», mientras siguen con sus propias ambiciones y su deseo de gozar al máximo la presente existencia. El solo hecho de buscar una vida sin riesgos nos pone fuera del camino de Dios. Y es que la propuesta de JESÚS, es radical exigentes y sin medias tintas, ya que no se puede ser su discípulo misionero, sino se está dispuesto a entregar cada minuto de nuestras vidas para que la obra de Dios se instaurada en medio de la humanidad.

JESÚS apunta más que a las situaciones excepcionales, a la fidelidad cotidiana, propuesta por tres imperativos: quien quiera seguirme, que se niegue a sí mismo, cargue con su cruz de cada día y se venga conmigo. En contra parte viene la aceptación de la cruz que el Señor nos ha dado a cada uno y que no tuvimos que escoger, porque la encontramos en nuestro destino. No se trata de arrastrarla a la fuerza, sino de amarla, porque el Señor la quiso para nosotros.

Por eso es que además de la cruz de cada día, Dios nos pide que demos testimonio de nuestra fe, y para eso habrá que correr riesgos, aunque sólo sea soportar el ser objeto de burlas por parte de familiares, compañeros y jefes. Teniendo claro que la salvación total e integral de la humanidad pasa necesariamente por la donación oblativa de la vida de cada uno de nosotros.

JESÚS, nos dice que la entrega de la vida implica recorrer un camino de fidelidad a la misión a la que hemos sido llamados y que libremente tenemos la opción de aceptarlo o no. ¿Estamos dispuestos a asumir los desafíos para soportar impasiblemente esta situación que vivimos en Venezuela? ¿Podemos los cristianos, en estas circunstancias de violencia, quedarnos callados o limitarnos a reuniones “espirituales”, no realizando ningún gesto concreto que sea una señal de lo que pensamos y vivimos?

Haznos conocer Señor el verdadero camino de la vida, que es el tuyo, aunque vaya contra nuestros apegos e intereses y podamos tener una sociedad donde impere la justicia y la paz. Amen.

 

 


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