EVANGELIO DEL DÍA LUNES 13 DE MARZO DEL 2017

 

 

     Lucas 6, 36-38: “En aquel tiempo Jesús dijo a sus discípulos: “Sean compasivos como es compasivo el Padre de ustedes. No juzguen y no serán juzgados; no condenen y no serán condenados; perdonen y serán perdonados. Den, y se les dará; se les echará en su delantal una medida colmada, apretada y rebosante. Porque con la medida que ustedes midan, serán medidos ustedes.»

 

  Reflexión: Por el Servicio de Animación Bíblica de la Diócesis de Ciudad Guayana. Responsable: Luis Perdomo.

 

Empezamos la semana con un texto que todavía debe resonar fuerte y claro en nuestras mentes y corazones, porque nos acompañó a lo largo del Jubileo de la Misericordia que concluyó en noviembre del 2016. El Evangelio de hoy Lucas, capítulo 6, versículos 36 a 38, nos invita a confrontarnos con la Encíclica Misericordia et Misera con la que el Papa concluye el jubileo y constituye con el XXXIII domingo del tiempo ordinario el Día Mundial de los pobres. Hoy Jesús nos hace una propuesta, Sed misericordiosos como su Padre es misericordioso. La misericordia es la que nos salva y nos da la verdadera libertad.

Continuamos celebrando y viviendo este tiempo rico en misericordia, porque, en efecto, la misericordia no puede reducirse a un paréntesis en la vida de la Iglesia, sino que la misericordia es lo que hace tangible y profunda la verdad del Evangelio. Pero, ¿Por qué debemos ser misericordiosos? Porque el perdón es el signo más visible del amor del Padre que Jesús nos quiso revelar. No existe una página del Evangelio que no contenga el imperativo del amor que lleva al perdón. La misericordia es acción concreta de amor que perdonando, transforma la vida.

El Reino de Dios comienza el día en el que Jesús anuncia que Dios es Padre rico en misericordioso. Jesús proclama la misericordia de Dios y la hace presente en toda su persona. La vida cristiana es esencialmente imitación de Dios y de su amor misericordioso. Cuando hablamos de la misericordia, solemos asociarla con el juicio, y con mucha facilidad nos hacemos jueces de nuestros hermanos. Olvidando la recomendación de Jesús: No juzguen y no serán juzgados; No condenen y no será condenados.

Recordemos el apelo del Papa Francisco en la bula de la proclamación del jubileo de la Misericordia: Que la Iglesia nunca se canse de ofrecer misericordia y sea siempre paciente para consolar y perdonar. La Iglesia espera también nuestra respuesta de amor.

Pidámosle a Dios Espíritu Santo para que cada uno de nosotros asumamos con libertad el propósito de no juzgar ni condenar, testimoniando así el amor del Padre Celestial. Amen.

 

 


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