EVANGELIO DEL DÍA LUNES 4 DE DICIEMBRE DEL 2017

 

 

Mateo 8, 5-11: “En aquel tiempo, Al entrar Jesús en Cafarnaúm, se le acercó un capitán de la guardia, suplicándole: «Señor, mi muchacho está en cama, totalmente paralizado, y sufre terriblemente.» Jesús le dijo: «Yo iré a sanarlo.» El capitán contestó: «Señor, ¿quién soy yo para que entres en mi casa? Di no más una palabra y mi sirviente sanará. Pues yo, que no soy más que un capitán, tengo soldados a mis órdenes, y cuando le digo a uno: Vete, él se va; y si le digo a otro: Ven, él viene; y si ordeno a mi sirviente: Haz tal cosa, él la hace.» Jesús se quedó admirado al oír esto, y dijo a los que le seguían: «Les aseguro que no he encontrado a nadie en Israel con tanta fe. Yo se lo digo: vendrán muchos del oriente y del occidente para sentarse a la mesa con Abrahán, Isaac y Jacob en el Reino de los Cielos”.

Reflexión: Por el Servicio de Animación Bíblica de la Diócesis de Ciudad Guayana. Responsable: Luis Perdomo.

La Iglesia Universal celebra hoy, entre otros Santos, la fiesta en honor a Santa Bárbara, vivió en el siglo III en Nicomedia, hoy Turquía. Esta mártir pertenece al grupo de los 14 santos más venerados durante la edad media

Por su parte la liturgia diaria nos invita a meditar el Evangelio según San Mateo capítulo 8 versos del 5 al 11. En este texto del evangelista Mateo, nos relata el encuentro que Jesús tuvo con un capitán de una centuria del ejército romano en Cafarnaúm. El jefe militar se presenta ante Jesús, solicitándole la curación de un siervo que está en su casa, el Maestro manifiesta su disposición de ir, pero el solicitante le replica: que no es necesario que Él vaya, porque basta con el querer curar a su siervo para que esto suceda.

El jefe militar expone su experiencia en las estructuras de mando y sabe que un jefe al dar una orden enseguida sus subordinados tienen que obedecer so pena de ser castigados o despedidos. Y si con él ha sucedido así sin ser el jefe supremo del ejército romano, cuanto más si lo ordena el Jefe de todos los jefes de la tierra. Jesús se queda admirado de la confianza y seguridad de este militar romano, y aprovecha para explicarle a sus acompañantes el valor de esa expresión en boca de un extranjero y vaticina que muchas personas de todos los confines de la tierra tomaran parte en el banquete eterno, junto a Abraham, a Isaac y Jacob, es decir los patriarcas del pueblo de Israel.

Sin lugar a dudas que esta lectura nos da respuestas claras a nuestras dudas que frecuentemente se nos presentan, a la hora de una enfermedad, la escasez de alimentos y medicina, o el fallecimiento de algún ser querido, porque es una invitación de nuestro Señor a formar comunidad con Él en el banquete de la vida. Y es que la actitud de extrema humildad y de profunda confianza que caracterizó la petición de este oficial pagano al requerir la intervención salvadora de Cristo en su casa, es una verdadera y auténtica profesión de fe, que necesariamente debe ser el paradigma a seguir por todos los seguidores de Jesús.

Recordemos que la expresión del centurión, forma parte de los ritos de comunión de la celebración eucarística y constituye la preparación última antes de recibir sacramentalmente el cuerpo y la sangre de Cristo en nuestro corazón. Por supuesto, ninguno de nosotros es “digno” de Jesús, de su presencia y de su amor, pero sabemos por la fe que basta sólo un signo, una palabra, una mirada y Él puede salvarnos.

Señor Jesús, aún hoy, después de tantísimo tiempo, todos nosotros nos confiamos en las palabras evangélicas del centurión para renovar nuestra actitud de humildad y de confianza, esperando poder obtener, como él, el milagro de Tu salvación. Amen.


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