EVANGELIO DEL DÍA MIERCOLES 20 DE DICIEMBRE DEL 2017

  •       Lucas 1,26-38: “Al sexto mes el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una joven virgen que estaba comprometida en matrimonio con un hombre llamado José, de la familia de David. La virgen se llamaba María. Llegó el ángel hasta ella y le dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.» María quedó muy conmovida al oír estas palabras, y se preguntaba qué significaría tal saludo. Pero el ángel le dijo: «No temas, María, porque has encontrado el favor de Dios. Concebirás en tu seno y darás a luz un hijo, al que pondrás el nombre de Jesús. Será grande y justamente será llamado Hijo del Altísimo. El Señor Dios le dará el trono de su antepasado David; gobernará por siempre al pueblo de Jacob y su reinado no terminará jamás.» María entonces dijo al ángel: «¿Cómo puede ser eso, si yo soy virgen?» Contestó el ángel: «El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el niño santo que nacerá de ti será llamado Hijo de Dios. También tu parienta Isabel está esperando un hijo en su vejez, y aunque no podía tener familia, se encuentra ya en el sexto mes del embarazo. Para Dios, nada es imposible.» Dijo María: «Yo soy la servidora del Señor, hágase en mí tal como has dicho.» Después la dejó el ángel”.

Reflexión: Por el Servicio de Animación Bíblica de la Diócesis de Ciudad Guayana. Responsable: Luis Perdomo.

El santoral del día nos presenta entre otros santos la fiesta en honor a San Domingo de Silos, importante benedictino, quien tomó el hábito en la Abadía de San Milán, años después es nombrado Abad del Monasterio de Silos, allí restauró el Monasterio, levantó la Iglesia con la biblioteca más rica de España en libros, códices y pergaminos de diferentes momentos históricos. Murió en el año 1073.

Y la liturgia de hoy nos presenta al Evangelio de Lucas, capítulo 1, versos del 26 al 38, donde se relata la anunciación del nacimiento del Salvador del mundo, nuestro Señor Jesucristo. En nuestros comentarios del Evangelio del día de ayer, decíamos que Lucas inicia su escrito uniendo dos escenas en paralelo, el anuncio del nacimiento de Jesús y de Juan y una tercera escena, donde reúne a las madres de ambos.

Hoy nos corresponde meditar la segunda escena, que al igual que la primera donde se relaciona la misión de Juan, con textos del  Antiguo Testamento, en esta se anuncia el nacimiento de Jesús, como hijo de David e hijo de Dios, configuración que se atribuye al Mesías anunciado por los Profetas.

En el texto María es saludarla con un nuevo nombre: “Favorecida”, es decir, la que ha recibido un gran favor de parte de Dios. La versión Latina de la Biblia, mejor conocida como la Vulgata, interpretó este “gran favor” y tradujo: “llena de gracia” (gratia plena). La Iglesia después de siglos de reflexión lo expresó en el dogma de la Inmaculada Concepción, de la Santísima Virgen María.

Al igual que para Juan el Bautista (1,13), el nombre del niño que va a nacer es dado desde el cielo, porque  indica la misión con que Dios lo envía al mundo. María no duda como Zacarías, pero pregunta cómo sucederá, dado que ella es Virgen y aunque está comprometida con José todavía no viven juntos, y ante la Revelación de que el Espíritu Santo descenderá sobre Ella, muestra su total dependencia y entrega, llamándose a sí misma “servidora del Señor”.

¿Quién puede entender los planes de Dios?  Ya que Dios escoge lo más humilde, lo que ante los ojos del mundo no tiene Valor, escoge entrar en una casa pobre de Nazaret, en lugar de entrar en el gran Templo de Jerusalén, escoge a una joven campesina de Palestina en lugar de una joven sofisticada de la ciudad. Recordemos que es Dios quien visita y quien escoge.

Por otra parte, digna de resaltar es la actitud de María, que tuvo que ser una muchacha bien valiente, para aceptar ser madre soltera y posiblemente ser señalada por toda la  gente de su pueblo, como adúltera. Y es esa su grandeza y bendición: la de tener la certeza de que Dios iba a estar con Ella, y con Dios las cosas imposibles, se hacen posible. Por eso María, fue, es y será un modelo para imitar y seguir siempre en cada momento de nuestras vidas.

Señor y Dios nuestro, hoy quiero pedirte por las madres y abuelas, especialmente por las de Venezuela, que luchan afanosamente para lograr el sustento, la medicina y la felicidad de sus hogares. Para que por la intersección del Espíritu Santo puedan seguir cumpliendo con su misión de derrotar la iniquidad, la indiferencia y el derrotismo.  Amen


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