¡Llévate a mi Hija!

El 21 de marzo falleció Trini, esposa de Julián Gómez del Castillo. Con él formó un matrimonio cristiano pobre y militante, con él fundó el Movimiento Cultural Cristiano. Trini es un testimonio vibrante de la vocación evidente que el Señor ha regalado a las mujeres, portadoras y defensoras de la vida y de la solidaridad. Vocación que está siendo combatida por la cultura materialista. Trini es reflejo de la maravilla de la madre cristiana que solo se da entre los pobres, como Fany. Ella trabaja en la limpieza de la maternidad de un hospital. A principios de año, una de las partu-
rientas le pidió que se acercara a su cama, donde también estaba su hijita recién nacida, la cual atrapó enseguida su índice con firmeza . «¿Es hermosa, verdad? Llévatela, por favor», le espetó. «¡¿Cómo?!,

eso no se dice ni en broma», respondió Fany. «En casa hace meses que no tenemos nada para alimentar a nuestros dos hijos y no soporto más el llanto de un niño con hambre». La limpiadora desechó rotundamente la propuesta.

La mirada demacrada de la recién parida acompañó a Fany el resto de la jornada. Ella también tiene dos hijos y, aunque están independizados, en su hogar hay mucha apretura. Además, su esposo jamás aceptaría criar una bebé a estas alturas.

Al día siguiente, cuando le tocó volver a limpiar la habitación donde estaba la desesperada mamá, escuchó la misma súplica: «No estoy loca. Sé lo que hago y estoy segura de que es lo mejor para mi

hija y para los otros dos que tengo en casa». «Pero, ¿por qué me lo pides a mí y no a los doctores, por ejemplo? Ellos tienen más recursos», afirmó Fany. «Quiero que seas tú porque eres pobre como yo y la vas a cuidar como a una hija. Le pedí mucho a Papá Dios que me pusiera delante la persona adecuada»,

le dijo. Fany siguió resistiéndose, pero prometió consultarlo con sus jefes y con su esposo. Fany y su esposo tienen ahora tres hijos. Des-
pués se enteró de que su caso no era único. En aquel hospital, durante los últimos meses, ya se han dado varias entregas de recién nacidos al personal hospitalario, sobre todo a las limpiadoras y enfermeras.

He leído que en otro hospital fueron 24 niños. Ni se plantean la adopción o la tutela en instituciones públicas porque son un suplicio burocrático.

Este es uno de los mejores retratos de lo que está ocurriendo en Venezuela, donde se ha rebasado el umbral de sufrimiento hasta el punto de que muchas madres se ven obligadas a entregar a sus pro-
pios hijos antes de verlos morir de hambre.

Gracias a Dios y a la cultura evangélica sembrada por la Iglesia hay muchas mujeres como Trini y como Fany.

*Misionero del Movimiento Cultural Cristiano.

Venezuela


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